Un estudio de revisión realizado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston y que ha sido publicado por el Journal of Public Health Policy, es el primero en estudiar de manera objetiva y amplia la seguridad de los cigarrillos electrónicos.
Los e-cigarettes, como se les conoce habitualmente,
son aparatos operados con una batería que "vaporiza" un líquido que
contiene nicotina, produciendo vapor, el cual es aspirado por el sujeto y
que constituye una forma eficaz de administrar nicotina sin los
carcinógenos que contiene el tabaco común y corriente.
Michael Siegel, uno de los investigadores, comenta
que los e-cigarettes contienen 1,000 veces menos cancerígenos que el
tabaco, y que hasta el momento no existe evidencia de que sean
perjudiciales para la salud del individuo ni de quienes le rodean.
Los únicos que salen perjudicados con la aparición de
los cigarrillos electrónicos son las compañías tabacaleras, quienes han
exigido que sean clasificados por la FDA (Food and Drug Administration)
como productos relacionados con el tabaco en vez de hacerlo como medios
de administración de nicotina, el cual es el caso de los parches y
chicles de nicotina.
Estas compañías productoras de tabaco son las únicas
que tienen qué perder si la FDA finalmente da su visto bueno a los
cigarrillos electrónicos, por lo cual están orquestando campañas de
millones de dólares para hacer pensar a las personas que hay riesgos en
estos aparatos, pero la comunidad científica finalmente se está dando
cuenta de que sus argumentos no tienen bases. Se necesitan más estudios,
por supuesto, pero seguramente estos demostrarán que finalmente hay un
sustituto mucho menos dañino a los cigarrillos, y que aunque no acaba
con la dependencia a la nicotina, por lo menos no genera los problemas
asociados con esta cuando se fuma.
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